Experiencia sobre cómo solucionar conflictos familiares de forma positiva.

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                Soy educadora social, desarrollo el taller de educación emocional y habilidades sociales Aprendiendo a ser con niños de 3 a 12 años. Sé que en cada sesión que hago con mis alumnos todos aprendemos, ellos y yo. Sin embargo, no es tan fácil poner en práctica las técnicas de gestión emocional y las habilidades sociales en tu día a día, para ello hay que ser consciente de la necesidad de aplicar las técnicas.

                Os voy a contar una experiencia personal que a mi hija y a mí nos ha funcionado. Como madre, en ocasiones te encuentras en situaciones que te superan y no sabes qué hacer con tus hijos. Hace dos meses aproximadamente llegué a sentir que estaba en el límite con mi hija. Llevaba unas semanas comiendo fatal, la hora de la comida y de la cena no era un momento agradable para compartir en familia, sino un momento estresante para todos.  Me senté y decidí poner en práctica una técnica de autocontrol y  de resolución positiva de conflictos que enseño a los niños en mis talleres, el semáforo de las emociones.

                Un día me senté con mi hija y le dije: Ya no puedo más, esta situación me está haciendo sentir mal. Me siento triste y enfadada. No quiero seguir así. ¿Tú cómo te sientes ante esta situación? Ella contestó: triste porque tú te enfadas conmigo. Cariño, le dije. Tienes que comer porque sino enfermarás. Es muy importante.  Mamá se preocupa porque no quiere que enfermes.  Hoy he puesto en práctica el semáforo de las emociones, me he parado antes de actuar y he pensado como me siento: triste y enfadada porque no comes y el momento de la comida y la cena no es un momento agradable. A continuación, he respirado 3 veces, me he calmado y he pensado positivamente: entre las dos podemos encontrar una solución, voy a sentarme con ella y vamos a encontrar una solución juntas. A continuación, he actuado y aquí estoy sentada para que tú y yo encontremos una solución a nuestro problema. Mi hija me miró perpleja. Conocía la técnica del semáforo, porque participa en los talleres que desarrollo, pero nunca la habíamos puesto en práctica de forma conjunta. A continuación, le pregunté: ¿qué podemos hacer para conseguir que quieras comer?. No sé, contestó. Le propuse que le parecía ser la encargada de planificar lo que comeríamos y cenaríamos durante la semana, siempre y cuando fuera una comida saludable. Ella sonrió y aceptó la propuesta. Así empezó todo, ella se implicó en una responsabilidad familiar y en su propio autocuidado. En primer lugar, organizó el calendario de comidas y cenas de la semana. La segunda actividad que planteamos para mejorar la motivación hacia la comida fue implicarla en la compra de los alimentos. En último lugar, la implicamos en la cocina, en ocasiones, ella hace su comida y/o cena o prepara el postre para todos.

                La motivación para hacer algo puede ser extrínseca, es decir,  nos dan un refuerzo negativo o positivo del exterior. O puede ser intrínseca, es decir  que el estímulo para hacer algo está en nosotros mismo. La extrínseca deja de ser efectiva cuando deja de estar el estímulo presente, sin embargo la motivación intrínseca es más efectiva y duradera porque siempre está ahí. Para conseguir la motivación intrínseca en primer lugar, es necesario implicar a la persona en aquello que queremos que haga. En segundo lugar, ofrecer un refuerzo social y emocional que refuerce la motivación.

                Esta situación paso hace dos meses. Hoy me siento feliz, mi hija de 6 años y yo fuimos capaces de gestionar nuestras emociones y poder solucionar un conflicto familiar de forma positiva.

                Ahora mi hija come fenomenal, es más responsable y se muestra más feliz.

 

Nadia Férnandez Orellana

Educadora Social y docente de Servicios a la Comunidad